Un blog de ciencia con tips para jóvenes científicos y comunión sociedad-ciencia en México y América Latina

Plataforma destinada para dar tips sobre cómo hacer ciencia, hacerse escuchar y entender en una comunidad latina, dirigido sobretodo a estudiantes o colegas jóvenes. Además contiene mi apreciación del binomio sociedad-ciencia y algunas noticias de mi laboratorio.

 

Mi nombre es Alejandro Córdoba Aguilar (Alex, para los cuates) y soy investigador en el Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

 

 

dom

01

jun

2014

Aunque la mona se vista de seda... el factor de impacto

Cuando estaba en la secundaria, lo que estaba de moda era lo que valía. Y la moda, todos sabemos, puede ser extremadamente caprichosa: puede tomar desde matices finos, elegantes o inteligentes hasta todo lo contrario. Pero por alguna razón y por desgracia, en esa secundaria número 48, la moda era a veces fea, se escuchaba mal, era pedante o grosera. Pero era parte de la onda social: si no estabas con ella, entonces se convertía uno en algo anodino, una especie de mobiliario que nunca llamaría la atención más que para recibir la mofa o un par de golpes.

 

El factor de impacto mide estrictamente el número de veces que la revista tal ha sido citada en un periodo tal. Hay muchos errores, ya muy citados y que no repetiré aquí, de este famosísimo factor pero de las cosas incongruentes que quiero recordarles aquí es: el factor NO mide el impacto de tu publicación en particular sino del bonche de otros que se publicaron ahí mismo. Desde que uno de mis pequeños entró a Kínder II (donde ya empieza a pesar estar en el grupito de moda), el tan citado factor de impacto me transporta muchas veces a una extraña analogía con mis tiempos de la secundaria 48. Y lo digo parte porque ese factor además de una moda, no necesariamente te hace parte de un buen grupo (como en mi secundaria, por ejemplo, y que espero no sea el caso del Kínder II de mi hijo). Podrías haber escrito una basura pero, apelando a lo chafa que pudo haber sido el proceso de revisión, el manuscrito pudo haberse aceptado. Y como lo mismo pudo haber pasado a otros autores, pues eso no necesariamente te hace pertenecer a un grupo de élite, sino, en el mejor de los adjetivos, a un grupo de suertudos. Nuevamente, esto no quiere decir que te citarán más (sólo por poner ejemplos, mis artículos más citados no se han publicado en las revistas de mayor factor, y viceversa). Es decir, que pertenezcas al grupo (=revista) de moda, no te hizo más inteligente. Estrictamente, te hizo parte de la moda.

 

El factor de impacto me remite a otras cosas muy curiosas. Por ejemplo, cuando se hace algún trámite y se trata de hablar a favor de la relevancia de nuestras investigaciones, se habla de ese factor como para aclarar cualquier duda o miramiento (por si dudan de mí, vean que siempre publico en lo más selecto). Esa moda del factor es además tan conscientemente impropia que muchas veces nos excusamos al aceptar sus errores para, de cualquier modo, terminar machacando con él (como verán soy consciente de esta estupidez pero de cualquier manera apelaré a ella). Es decir, todo estamos 100% seguros de que es una barbaridad pero nadie se atreve a abandonarla. Y es que el factor de impacto sigue siendo un grupo de moda del cual no te puedes salir porque entonces simplemente no tienes lugar en la vida. La gran burrada de esto es que nadie mide directamente el verdadero impacto de nuestras investigaciones. ¿Cómo? Pues sólo viendo cuánto cada artículo ha hecho cambiar un campo. Esta forma de cambio podría ser, por ejemplo, motivando a retomar una hipótesis, poner a prueba una nueva o dejar por la paz alguna otra. Este verdadero ejercicio intelectual nadie lo hace. Mi ejercicio de autoevaluación más cercano a esto es leer cómo la gente me cita. Y esto tiene sus bemoles porque así como puedes encontrar que se dicen cosas bonitas, con la misma moneda también puedes leer todo lo contrario. Y ya en esto, sería curioso tener, por ejemplo, un factor de anti-impacto que reflejara qué tan mala ha sido una revista en publicar basura, la cual motivó citas desaprobando sus publicaciones. Pero eso ni en mi muy recordada secundaria 48 existía porque, de nuevo, la moda en sí misma, es una onda social, no una de calidad.

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